Un cuento- “El Duque de Villacandado y el campo de fútbol”

517420Lo mejor para educar a los niños es hacerlo con cuentos. Al menos eso dicen los expertos, que definen este tipo de historias cortas como “muy didácticas” así que permitan hoy que nosotros les contemos un cuento.

Una vez el Duque de Villacandado tuvo un sueño en el que se teletransportaba hasta el año 2020. El duque vio que por aquel entonces sus descendientes ya no iban a poder disfrutar de sus posesiones porque en el ducado se había establecido un nuevo sistema de gobierno llamado democracia. En el sueño del poderoso poco valían sus rangos nobiliarios o sus escudos. Allí, en teoría, mandaba el pueblo, que elegía cada cuatro años a sus representantes, al frente de quienes se situaba en 2020 un señor que había ganado las elecciones por una mayoría muy ajustada.

El Alcalde de las que habían sido las tierras del Duque de Villacandado había obrado mal y había dejado el pueblo sin dinero así que este maligno regidor había decidido tirar de recuerdos y poner a la venta el campo de fútbol que el propio Duque había dejado a los jóvenes del pueblo para que lo disfrutaran. Que disgusto se llevó el noble. Y que mal rato pasaron los vecinos, que llegaron a acusar a su Alcalde de delitos que nunca pudieron probar.
El problema es que el plan del regidor no salió bien. Nadie quiería aquellos terrenos. Quizá pensaban que estaban malditos o que el duque volvería de su tumba si los compraban. Sea por lo que fuere nadie los quería. Pero al Alcalde nadie le quitaba la ilusión. El señor que presidía el ducado llegó a pedirle a una empresa amiga que le pagara por los terrenos y que empazaran las obras quedando al borde de la quiebra pocos meses antes de que el alcalde repartiera entre otros de sus amigos los pisos a construir en el campo y tuviera que dejar la política por su imputación en un caso de corrupción. De pronto el duque despertó y recordó la maldición que su padre había dejado escrita. “Si alguien le quita al pueblo lo que es de ellos tendrá que sufrir las consecuencias”. El duque sonrió. Ni al alcalde ni a la empresa les había ido bien.

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