Primer aniversario del accidente de tren de Santiago de Compostela

sFHa pasado un año desde aquel 24 de julio en el que Galicia vivió uno de sus días más negros. Los gallegos no olvidan una fecha que quedó grabada en la memoria para siempre. A las 20.41 minutos de la tarde, el Alvia descarriló en una curva en la parroquia de Angrois en Santiago de Compostela y causó un total de 79 muertos y más de un centenar de heridos. 

Los vecinos de Angrois se convirtieron en los héroes de muchas personas y ahora son ellos junto a los familiares de las victimas los que piden justicia y se esclarezcan las causas del fatídico siniestro. 

Las primeras horas del fatídico suceso nos trajeron los peores titulares que podríamos haber publicado en esta web y donde avanzamos

La desgracia nos hizo sentirnos, de nuevo, orgullosos de ser gallegos. Galicia y sus gentes se volcaron con las víctimas. No hubo ni un solo minuto de descanso al pie de las vías, en donde operarios, bomberos y policías se olvidaron de huelgas, recortes y derechos laborales para arrimar el hombro. Los médicos suspendieron sus vacaciones, los sanitarios de emergencias que estaban en paro se colgaron de nuevo la bata sin ánimo de cobrar un duro. El Sergas no daba crédito a la cantidad de personal que tenía a su disposición listo para atender a la avalancha de heridos que iba llegando conforme pasaban los minutos. Forenses de toda la comunidad e incluso policías llegados desde Asturias se desplazaron en avalancha para participar en las autopsias. Ese fue el único consuelo que les quedó a los familiares y amigos, que la coordinación aliviara su angustiosa espera. Las muestras de solidaridad fueron incluso más allá.
En una sola noche (la del miércoles al jueves) se recogieron en Galicia 800 donaciones de sangre. Medio millar de personas guardaron cola durante horas para aportar la sangre que fuera necesaria, sin importarles las horas que pasaban frente a una unidad de donantes. Sin preocuparse de si iban a tener que ir a trabajar sin dormir. Pero aún hubo más héroes. Los siempre criticados periodistas. Profesionales que cogieron sus micros, sus grabadoras, sus libretas y sus cámaras y se pusieron al pie de las vías sin cobrar horas extra y con sueldos, en no pocas ocasiones, situados por debajo del salario mínimo con el único objetivo de concienciar, de despertar a quienes aún no habían oído hablar de la tragedia y de ayudar en lo que se pudiera.

 

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