Marca Cambados o la capacidad crítica de los ciudadanos – #LaEscalinata (Opinión)

Imagen de Emmanuel Joven

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La proclamación de Felipe VI como rey (un momento histórico nos guste o no) ha servido para que estos días escuchemos miles de veces a través de los medios de comunicación aquello de que España es una “democracia parlamentaria”. Es decir, los ciudadanos tienen la responsabilidad, que no la obligación, de acudir periódicamente a las urnas para elegir a sus representantes políticos. Luego ellos, en su nombre, son los que ejercen el poder legislativo y el ejecutivo, los que deciden dónde van los recursos públicos, los que deciden quién paga más impuestos y quién menos y como se gestiona el funcionariado. Todos sabemos como funciona. Bueno todos no, algunos quieren que la responsabilidad del buen gobierno recaiga sobre todos los ciudadanos, que los políticos cobren por algo que debemos hacer todos.

 Algunos decían estos días que la monarquía es “Marca España”. Este término, en el que se hace alusión indirecta  a las bondades que nuestro país puede ofrecer por sus características físicas o por las cualidades de su población, se ha utilizado tanto en los años de crisis económica que ahora ya se hace extensivo a las comunidades autónomas o a los municipios. Por eso no es raro escuchar “Marca Galicia” (lo que la publicidad institucional aquí siempre llamó Galicia Calidade) o “Marca Cambados”. Defender que nuestra localidad es atractiva para el turismo o para la inversión no es, ni debe ser, sinónimo de no criticar nunca a los políticos que ejercen cargos de responsabilidad. Los ciudadanos debemos fiscalizar la labor de nuestros políticos. Decir que alguien está incumpliendo las normas no es tirar piedras contra el tejado de nuestra localidad. Criticar lo que nos parece mejorable es un deber de un ciudadano que exige a quienes les representan. Hacer lo contrario, defender la gestión, corresponde única y exclusivamente al ayuntamiento que para eso está y para eso cobra.

La proclamación de Felipe VI también sirvió para que muchos manifestantes corearan aquello de que somos ciudadanos y no súbditos. Razón no les falta. Somos personas con capacidad crítica y nivel suficiente para demandar un comportamiento ejemplar. Y si ese comportamiento no existe que los políticos no se preocupen que nos tendrán ahí. Amordazar es propio de dictaduras, no de democracias parlamentarias.

 

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