Manuel Serantes Santos reside actualmente en Brasil – #CambadesesEnLaDistancia

375109_10150508663719992_1914387419_nA sus 49 años Manuel Serantes Santos ha vivido ya parte de la vida que todo joven ha deseado alguna vez. Este cambadés que actualmente trabaja en el sector turístico de Brasil ha viajado por Panamá y Venezuela. Ha trabajado como pescador en el sector de las conservas y ha residido en la isla de Martinica enseñando a los turistas las bondades de un Caribe que algunos ven sólo en fotografías. A pesar de todo Serantes cuenta su historia con el tono humilde de quién no se cree más que nadie. Quizá es que para el gallego la navegación no sea nada especial. De hecho él la vivió toda la vida en casa. “Mi padre Manuel Serantes Viro (al que todos conocían como Manolo Magan) estuvo navegando por el mundo durante 20 años hasta que volvió a casa y compró una parada de taxis en Cambados”, recuerda este gallego teniendo también palabras especiales para su madre, Rosa Santos Piñeiro, natural de San Adrián de Vilariño, fallecida con sólo 38 años al sufrir un accidente de tráfico.

Serantes comenzó su formación en el Instituto de Cambados. Al completar el 562797_10151329743289992_1813744536_nBUP sus estudios ya se dirigieron hacia el mundo del mar. El cambadés completó los cursos de Patrón de Cabotaje en el Naútico Pesquero de Ribeira y de Capitán de Yate en los institutos náuticos de Coruña y Málaga. Pero apenas llegó a trabajar en España. “Viví diez años en Barcelona patroneando en barco privado de la empresa Punto Fa Mango”, recuerda echando la vista atrás. A pesar de todo la mayor parte de su vida profesional Serantes la desarrolló en América latina. A día de hoy, de hecho, vive en Brasil, un país que le ha acogido con los brazos abiertos pero para el que tiene críticas, por ejemplo, en lo que se refiere al sistema educativo. “Los ciudadanos que pueden salen a estudiar a otros países y ellos son precisamente los que están presionando a la presidenta Dilma
Rousseff para que haga cambios porque además las condiciones laborales no son muy buenas”, argumenta Serantes haciendo hincapié en los contrastes que dominan Brasil, uno de los países con más personas que viven por debajo del umbral de la pobreza de toda América del Sur. “Una persona formada puede llegar a ganar tres o cuatro veces lo que ganaría en España y otro sin cultura estaría recibiendo 300 euros mensuales”, asegura.
“Después de tantos años uno ya tiene facilidad para adaptarse a los nuevos 215142_10150245495390518_2294321_nlugares. En este país cuando sales de las grandes urbes (que son muy estresantes) la vida cambia completamente. Me siento muy bien a pesar de que la mentalidad por estas latitudes es diferentes”, cuenta el cambadés, que no pierde la oportunidad para plantar productos de su tierra en su huerto. “Ayer mismo plante unos pimientos del Padrón. Me encanta servirlos y contar de donde vienen”, asegura Serantes, que vive con su mujer Telma y su gato Celta. Orgulloso de ser español Serantes intenta mantenerse informado de lo que pasa en su país a través de internet. “La corrupción española es un juego con lo que hay por aquí pero la imagen de España está por los suelos. Algunos se mofan incluso”, dice el gallego desde una distancia que hoy ve resignado como perpetua. ¿Volver a Galicia es posible? “Siempre aparecen ideas de posibles negocios para monetar la cuestió es como poder vivir de eso”, mantiene.
En sus viajes por el mundo no olvida Galicia y mucho menos Cambados. La “morriña”, cuenta, le ha llevado incluso a plantar varias cepas de Albariño por el mundo. Al principio, confiesa, era mucho más fácil viajar con la planta. Las limitaciones de las aerolíneas y las medidas de seguridad ahora le permiten llevar, como mucho, las semillas con las que carga su maleta cada vez que se da una vuelta por Cambados para “pasear por la plaza Fefiñanes, Pastora o comer unas buenas caldeiradas con vino viendo a mi familia y mis amigos”. Amigos a los que siempre les aconseja que “si salen de España por primera vez tienen que ser determinados y aguantar el tirón que hoy en día en unas horas estás en casa de nuevo”. Empezar, reconoce, nunca es fácil. Y menos para un gallego y su morriña.

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